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Archive for the ‘Psicología Akáshica’ Category

A pesar de que la sociedad intenta matarlos de todas las maneras posibles, afortunadamente albergan en su genética una vocación de lucha muy grande. Sólo por ese motivo sobreviven y están entre nosotrosindigo.

Se destacan por dos facetas sobresalientes, aunque poseen muchas más y no de menor brillo e importancia. Una es el instinto de transformar la realidad. Tienen la pulsión de desestructurar lo imperfecto para reorganizarlo y retornarlo a la perfección original. En esta modalidad actúan bajo el arquetipo del guerrero. La otra es la del sanador. Como los índigos son mutantes, modifican los rasgos de las capas del aura a voluntad, en función de las necesidades de servicio con las que se van topando en su camino. Cuando actúan como sanadores, la tonalidad azul-violeta de su aura se vuelve blanca. Durante estas situaciones, la cualidad combativa es sustituida por la emanación de vibraciones propaladoras de paz y armonía benefactoras para todas las personas que están dentro de su radio de influencia. Esta zona puede alcanzar un tamaño de hasta 400 kilómetros a la redonda, aunque dependiendo del nivel de conciencia alcanzado por el índigo y de su misión, la misma radiación podría abarcar a todo el planeta.

Los índigo están preparando a la humanidad para la era de Acuario. Trabajan denodadamente para elevar la conciencia general. Purifican al ser humano renovando las estructuras arcaicas que obstaculizan su evolución.

Tienden a ser solitarios y les cuesta integrarse a los grupos numerosos. Detrás de esta dificultad hay una explicación. Son líderes por naturaleza. Ya sea que les concedan ese lugar en reconocimiento a sus méritos o bien que lo conquisten por la fuerza de las aptitudes que los distinguen, el desenlace es invariablemente el mismo. A menos que logren ocupar ese rol, sufren y se apartan. Son muy carismáticos y tiene el poder de abrir caminos para los demás. Pero cuando no encuentran el espacio para ejercer ese papel porque se los niegan o porque la falta de visión hace que no los reconozcan, sienten que ellos mismos están atrapados en un laberinto-prisión que los asfixia y oprime hasta la desesperación. Entonces se autobloquean y anulan su conexión con el mundo exterior. Bastaría este solo hecho para llamarlo tragedia. gandalfPero es aún más desgarrador que eso, porque la conexión que los índigo establecen con la realidad es “mágica”, en el sentido más profundo y literal de la expresión. Cada vez que un índigo se repliega, la Tierra Media pierde un Gandalf. Y justo cuando Sauron está reclutando a toda su tropa para acometer la embestida final.

Rechazan las convenciones y el saber institucionalizado. No es casual. Todo lo que hacen está inspirado y lleva el sello del conocimiento intuitivo. Son rebeldes. En un mundo gobernado por la razón instrumental, siguen los dictados de su corazón, morada del alma celestial. Sin excepción son guiados por el mundo invisible. Lo cual habla a las claras de que los pasos que dan responden a una lógica radicalmente diferente a la del hombre corriente. Esta cualidad de vivir simultáneamente entre dos mundos o entre dos o más realidades paralelas, también los hace sufrir mucho. No suelen ser comprendidos por sus padres, ni por su familia ni por sus amistades. Menos por la escuela, el ámbito laboral o por la sociedad en general. Hay muchos “índigo” que fantasean con el suicidio. Tan grande es el agobio que les provoca el rechazo sistemático que reciben, tan honda su tristeza por la desvalorización con la que su entorno los trata. Al no poder expresar su aguda sensibilidad con libertad y verse privados de manifestar su creatividad abriendo sus cualidades tan especiales a los demás, recurren a un mecanismo de defensa peligroso que les envenena el alma y los mata en vida: se encierran en su mundo interno. A este cuadro crítico se le suma un agravante. Sus vibraciones tan altas excitan lo peor de lo demás. El brillo tan intenso de su cuerpo angelical crea un campo magnético de amor tan potente que enfurece hasta la exasperación a los cuerpos diabólicos de sus interlocutores. Los ciega de ira. Así es como se termina de crear el escenario propicio para que la existencia de un “índigo” se convierta en un verdadero calvario. La única salida a ese infierno es que el “índigo” recuerde quién es: un buda viviente con grandes responsabilidades de conducción. Deberá luchar para hacer conciente lo que toda la sociedad se esforzará por hacer que olvide. Y luego, tendrá que redoblar el esfuerzo por ganarse un lugar entre quienes harán todo lo que esté a su alcance para aplastarlo y conseguir que se deje de molestar. Este es el concepto que el hombre promedio tiene del “índigo” y esa su reacción más habitual frente a los intentos que el “índigo” ensaya para suministrarle oportunidades que le sirvan para evolucionar. Es la paradójica encrucijada en la que se encuentran todos los “buda vivientes” del tercer milenio, aunque ya no sean niños debido a que tienen aproximadamente entre treinta y cincuenta años.

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Todo “índigo” sin excepción necesita ayuda terapéutica de carácter multidimensional para reforzar sus defensas bioenergéticas porque son extremadamente agredidos; para incorporar anticuerpos sutiles que lo vuelva inmune a fuerzas negativas tan específicas como perniciosas; para neutralizar los ataques parapsíquicos espontáneos voluntarios o involuntarios, causados por las neurosis o las mentes desequilibradas de terceros, que son tan dañinos como los efectos de la magia negra profesional; para recuperar su verdadera identidad; para conocer cuál es su misión y cuáles leyes cósmicas rigen su vida; para que reúna los recursos que le harán falta para cumplirla; para ser asesorado respecto a cómo llevarla a la práctica y evite caer en siempre dolorosas infracciones espirituales; para conocer el gran por qué de las hechos traumáticos que le han ocurrido y le ocurren en su vida; para saber cuáles son las intenciones que Dios le tiene reservadas; para ser apuntalado con mayores conocimientos de sí mismo que lo ayuden a posicionarse correctamente en el campo de batalla que es su realidad cotidiana; para aprender qué clase de higiene energético-espiritual debería incorporar en su rutina de aseo diaria; para que salga de la soledad y acceda a un grupo de pertenencia a través de la socialización con pares afines de su misma condición; para construirle un plan de vida cuyo eje vertebral sea el perfecto alineamiento entre su vocación, la profesión con la que se gane la vida y la misión que debe honrar; para ayudarlo a resolver sus conflictos internos mediante el psicoanálisis akáshico y sus conflictos externos apelando a la “ingeniería de la conciencia” y la “purificación vehicular”; para que reciba asesoramiento y asistencia respecto a cómo transitar alguno o varios de los veinte senderos que conducen al despertar espiritual o en otras palabras, ser guiado para que alcance el estado de conciencia más elevado al que puede aspirar un ser humano sin desencarnar; para que conozca cuáles son los poderes positivos actuales o provenientes de vidas pasadas que están a su disposición, medicina bendita al servicio de su misión que puede transformarse en veneno letal si no los aplica; para realizarse un chequeo de su salud holística y recibir una supervisión periódica del funcionamiento de sus chakras, cuerpos sutiles, nadis, Kundalini, capas del aura, tercer ojo, cuarto ojo y glándula pineal, agentes por excelencia de la marcha feliz o tortuosa de la vida en general.niño rezando

Al día de hoy el 90% de los “índigo” están siendo atormentados y arrasados por una sociedad tan cruel y hostil al cambio, como refractaria a la pureza que los budas vivientes irradian. La mayor ironía es que en ellos está depositada la esperanza de que la humanidad se salve de su propia autodestrucción, y pueda regresar a la senda evolutiva ascendente que extravió hace mucho tiempo. Si en una frenética carrera contra reloj la especie humana logrará reinsertarse en la vía bienaventurada, o sin cambiar el rumbo a tiempo, alcanzaremos ciegamente el punto de no retorno, es una incógnita que hunde sus raíces descompuestas o luminosas en una historia con final abierto en plena ebullición.

Pablo Vaserman

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liberaciónHay muchos seres humanos que lucen la apariencia de personas comunes y corrientes, pero no son de la Tierra. Viven en el cuerpo de un terrestre, aunque vienen de muy lejos. Los habitantes  de nuestro planeta los llamamos  “extraterrestres” por oposición a lo que somos nosotros. Pero en realidad este término es un reduccionismo que nos ubica en una centralidad equivocada. Bien caracterizados, son seres que pertenecen a distintas regiones del Universo. Algunos de estas localizaciones son conocidas: las Pléyades, Sirio, Alfa Centauro, Orión, Arturo, etc. Otros muchos sitios que los albergan no nos resultan tan familiares. Son lejanos territorios que no figuran en los mapas de la bóveda celeste que los especialistas en la materia han cartografiado hasta la fecha. Ni siquiera hemos jamás escuchado sus nombres. Son estrellas o galaxias que se encuentran a años luz de distancia de nuestro mundo. Más aún. Sus coordenadas están fuera del escrutinio de la tecnología de tercera dimensión. Pero si nos transportáramos con algún vehículo fantástico hasta esas culturas de las que no tenemos noticia, hallaríamos su tierra natal. Mientras acá nos preguntamos si hay vida en el espacio exterior, o damos por sentado sin un atisbo de duda que somos la única especie inteligente del Universo, hay millones de seres oriundos de otras constelaciones viviendo en la Tierra.

Tu vecino puede ser uno de ellos.

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Y siendo tantos ¿cómo es que no los vimos bajar de los platos voladores? ¿Tan distraídos estábamos? Sí, estar distraídos es casi nuestro hobby predilecto. Pero no fue así en este caso. Existieron razones exógenas. Por precaución, se evitó la aparición pública de estos visitantes de otros mundos en forma masiva. Las causas son bastante sensatas. Si hubieran descendido de naves espaciales, habrían provocado mucha conmoción. Sin ir más lejos, a mediados del siglo pasado, un simple programa de radio levantó una ola de pánico multitudinaria apenas por representar al aire una obra de teatro que relataba la llegada de visitantes a la Tierra. Fue el famoso actor Orson Welles quién dramatizó esa ficción de seres extraterrestres invadiendo el mundo. Nunca imaginó que pagaría un costo tan alto por hacerlo. A pesar de que al comienzo de la emisión le anticipó a su audiencia que toda la historia que estaba por contar era pura imaginación, mucha gente entró en shock, otra tanta huyó en estampida a buscar refugio en las montañas para salvar su vida, y no pocos oyentes se suicidaron por la desesperación. Fíjate que no estamos hablando de la Antigüedad, sino de pleno siglo XX.

Así fue que por el bien de todos, los integrantes de esta numerosa agrupación de seres interdimensionales convocados por un objetivo en común, descartaron mostrarse abiertamente. La introducción de ellos en este mundo tenía que ser silenciosa. Pasar inadvertidos entre la población era un factor clave para el éxito de la tarea que tenían asignada. Si hubieran saltado desde sus naves nodrizas a la vista de todos, no solo habrían provocado un gran escándalo y mucho temor. Había otra secuela aún más trágica que era imprescindible evitar. Esa visibilidad habría automáticamente implicado el aborto de su misión. Y la alternativa de un fracaso era algo que no podía permitirse, porque esa misión era del más alto nivel. Iba a desarrollarse en la Tierra, pero tendría repercusiones en todo el Universo. Por esa razón, en lugar de mostrarse públicamente llegando del espacio exterior, eligieron una maniobra un poco más sofisticada para infiltrarse en este mundo. Tenía una gran ventaja. Les iba a permitir a sus agentes encubiertos hacerse uno con la época. Era la estrategia ideal para que pudieran mimetizarse con la cultura y las costumbres de sus habitantes. Es decir, se tornarían indistinguibles de y para los nativos del lugar.

Es cierta una cuestión. Este método, al mismo tiempo, era mucho más riesgoso y complejo que bajar por las escalerillas de naves futuristas llenas de luces intermitentes. Pero para eso fueron entrenados con el rigor y la meticulosidad de un cuerpo de élite. Era necesario que contaran con todos los recursos disponibles para que pudieran reducir al mínimo las fallas fortuitas y circunstanciales que probablemente irían surgiendo en el camino, debido al máximo grado de complejidad que tenía la misión.bebe4

Su capacitación insumió varias encarnaciones.

Cumplieron el plan al pie de la letra.

Nacieron en el vientre de una madre humana.

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Este método era más riesgoso y más complejo no por el parto propiamente dicho. Después de todo, fueron engendrados por una mamá y un papá humanos como cualquier otro bebé en la Tierra. Las mayores dificultades estribaban en que son seres que poseen características especiales.  Dichos atributos no son rasgos físicos, sino capacidades internas que los diferencia de los demás. Por esas aptitudes que custodian con discreción, pueden ser reconocidos.

Mientras son niños llaman la atención por la impronta profunda de las preguntas que hacen, o por los comentarios agudos o desconcertantes que expresan con llamativa lucidez. También se distinguen del resto de los chicos por lo solitarios o ensimismados que se muestran. Sus ideas desnudan un saber no convencional que desentona con la edad que tienen. Suelen ponerlas de manifiesto con un enfoque fuera de lo común, que a los propios adultos los descoloca. Siendo ellos mismos la autoridad, no pueden comprender de qué les están hablando los menores que tienen a su cargo. “¿Cómo me ubico y debo reaccionar ante un niño que tengo la sensación de que me enseña a mí?”. Sin embargo, no dejan de ser niños que necesitan tanto del amor de sus padres como los demás, y de la contención de un entorno que le brinde los mismos cuidados que al resto.

La verdadera transformación que los distingue y los separa definitivamente del común de los mortales se presenta cuando  las capas tectónicas de la personalidad y la conciencia de estos niños comienzan a moverse en la adolescencia, hasta que los temblores internos dan lugar durante la vida adulta a un terremoto que les hace crujir todos los cimientos y tumba el eje sobre el cual una vez adultos, estos hombres y mujeres están plantados.

tristeza2Mientras no recuerdan quiénes son, para qué están en la Tierra, la razón por la cual han encarnado en esta época verdaderamente histórica no sólo para nuestro planeta sino para todo el Universo, mientras viven como gente normal que no son, se angustian y sufren, porque sienten que no encajan. Todo lo que los rodea les resulta extraño y lo perciben ajeno a sus auténticos intereses. No comprenden el mundo en el que viven. Y como nada cuadra, ahí comienza el derrape. Pierden la brújula. Bajan los brazos. Se apagan como una lámpara de noche que se ha quedado sin el aceite que la alimente.

Durante esa crisis inevitable, muchos se deprimen. Sienten que la vida no tiene sentido y fantasean con el suicidio. Para ellos este planeta es un lugar de lo más extraño. Consideran que sus habitantes manejan códigos incomprensibles. Evalúan que los seres humanos viven con una escala de valores despreciable. Interpretan que todo está trastocado, en estado de caos y confusión. Como tienen una conciencia global y colectiva muy desarrollada, la pesadumbre de su alma no puede ser mayor.

“¿Qué es lo que les pasa? ¿Cómo pueden vivir en una locura como esta? ¿Por qué son así? ¿Cómo hago para soportarlo?” son preguntas habituales que se hacen en un reservado y apenado silencio. Son interrogantes que trasuntan una mezcla de impotencia y gran desazón, aunque suelen ser más inconscientes que conscientes, y de ahí el enorme sufrimiento que les provoca.

Padecen un profundo desarraigo, y este sentimiento les duele tanto como si les abrieran un tajo profundo en el estómago con un serrucho recién afilado.

Viven desconsolados porque nadie los entiende, y al sentirse incomprendidos  se encierran más en sí mismos. El aislamiento es todavía mayor cuando es para ellos un enigma descifrar por qué se sienten así. Se meten para adentro porque no encuentran espacios ni a los interlocutores adecuados para expresar creativamente lo que su alma anhela desde lo más profundo de su ser. Sufren porque en la sociedad o dentro de sus grupos de pertenencia, no hallan comprensión a sus angustias y a sus visiones tan peculiares de la realidad.

Se automarginan porque no soportan el conformismo generalizado.

Se autoexcluyen al no poder tolerar las estructuras establecidas de todo tipo, que según ellos las observan, reproducen un estilo de vida vil que mantiene a la gente en un estado inferior de conciencia.

Saben más todavía. Y eso no los alivia en nada.

Tienen la certeza, porque se los cuenta su corazón, que la humanidad está enferma.

Su corazón conoce muchas otras latitudes, y sabe que este desequilibrio generalizado llevará a la especie completa hacia su propia destrucción.

Como tienen el conocimiento de que en su génesis, ella estaba destinada a ser modelo de perfección y realeza suprema en el  concierto de las civilizaciones del Cosmos, el dolor que los aflige es mayor  aún. Tan grande es, que los hace enmudecer. Los apabulla verla en este estado miserable. Intuyen que como siga esclavizada a sus pulsiones más bajas y continúe encadenada al imperio de sus chakras inferiores, su hora final es inminente. Aquí es cuando el abatimiento que sienten crece todavía más.

Así es como se hunden en un agujero negro que pareciera no tener fin.

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Pero es justo, en este momento tan crítico y aciago, cuando empiezan a despertar del sueño. Gradualmente la depresión se va transformando en instinto de lucha. La confusión de sentirse afuera de todo, va dejando paso a la claridad cada vez más nítida de cuál es el papel de cada uno de ellos en estas horas decisivas. Y la sensación de aislamiento que siempre los embargó, se convierte en el abrazo fraternal de toda su familia de luz que siempre los estuvo aguardando. Sus familiares sólo esperaban que diera las señales claras de su despertar. Antes de que estuviera listo, no era posible para su familia estelar, acercarse. Pero ahora que ya está preparado, es recibido por los miembros de su linaje con un fervoroso amor que no encuentra límites ni fronteras.

Es cuando sus padres, sus tíos, sus abuelos, sus hermanos, sus primos del Cosmos van a contarle la historia completa. Cómo encarnó. Por qué. Cuál es su misión. De dónde viene. Qué clase de ayuda se comprometió brindarles a los nativos de la Tierra. Qué se espera de él. Qué tipo de anclaje, de transformación, de servicio, de enseñanza se juramentó entregarles a los seres humanos apelando a sus conocimientos superiores.

Su familia intuye que al suministrarle esa información, comprenderá por qué nunca encajó en el sistema.

Ya lo recuerda. Es que vino a cambiarlo. Sin pedir permiso. ¿Cómo adaptarse a un lugar fracturado en pedazos? Incontables recuerdos asoman a su conciencia.

Son tantos… que no los puede clasificar…y tan vívidos…

Transportado a otro tiempo y otro lugar, ve rostros brillantes. liberación2

La viva imagen de sabios seres que lo han preparado en otras realidades paralelas toma por asalto su conciencia.

Ahora recuerda como si fuera hoy las enseñanzas que recibió de sus maestros para sincronizarse con un colectivo de seres de su misma vibración. Sin darle respiro, otro flash de conciencia impacta en su pantalla mental que lo conmociona. Se ve en el santuario donde ocho personalidades con blancas vestiduras están paradas con solemnidad formando un círculo perfecto, a punto de revelarle un secreto. En el centro hay una llama crepitando superpuesta a una columna de luz. Es él mismo. A partir de esa iniciación, rememora cómo abandonó la infancia para pasar a estar bajo las órdenes de una jerarquía de luz que se encuentra a la cabeza de un plan superior. Mientras tanto, en esta realidad, su familia está con él, a su lado. Lo apoya, lo sostiene, pero no hace falta que le explique nada. Su mera presencia activó el recuerdo en sus células. Lo comprende todo sin palabras. Todo el conocimiento que necesita lo alberga adentro suyo, encriptado en su plexo solar y simbolizado como un cofre colmado de tesoros, pergaminos antiguos y piedras preciosas vivientes.

Siempre supo que su hogar estaba en una lejana constelación de estrellas. Una que hace muchos eones abandonó la tercera dimensión. Se hace conciente de otra cosa que siempre supo también. La Tierra no es su casa. Ahora puede confirmar una vieja sospecha: está de visita por ella. Es un viajero del tiempo. Un intrépido visitante que se camufló dentro de un disfraz humano para penetrar en un sistema donde reina la oscuridad. En su pantalla mental ve una zona de entrenamiento militar. Escucha como si fuera hoy el momento en que le asignan su misión uno, diez, mil, cien mil, un millón de años atrás.

“Debes sabotear los poderes que subyugan a la humanidad…”.

¿Cómo podía encajar en un sistema despiadado que vino a derribar sin violencia con las armas letales de la paz?

“….para liberar a los prisioneros y ayudarlos a construir un futuro bienaventurado”.

Un concepto extraño le viene a la mente.

“La Maestría de las Frecuencias”.

“Serás un receptáculo estelar. Ancla la luz. Sostén la vibración. Transmítela. Rompe las ataduras de los terrestres. Altera su frecuencia. Fíjala muchos listones más arriba. Transforma la realidad. Condúcelos a una línea de tiempo donde reine la luz. Muéstrales el camino”.

memoriaUn bombardeo de memorias vivas penetran en su mente. Lanzados como flechas en llamas desde todas las direcciones, los recuerdos urgentes lo abisman en sus pensamientos.

Vino a combatir por la libertad con armas de construcción masiva.

A irradiar luz mediante su conocimiento superior.

Se infiltró para elevar las vibraciones de la humanidad.

Penetró en un ecosistema exótico para romper las cadenas de su esclavitud. Está de incógnito para ser el sostén energético que despierte su divinidad.

– “Pero no puedo sólo”.

– “Por supuesto que no podrás. Lo harás en equipo”.

Todo se ubica en su justo lugar. Ha recordado quién es. Luego de atravesar este momento bisagra, ya nada podrá seguir igual para él. La antigua confusión cede paso a una cristalina simiente de certezas.

Sabe que para un revolucionario interdimensional, adaptarse a un sistema que se nutre del miedo para reproducirse, es una utopía, una paradoja y por sobre todas las cosas, un desatino. ¿Podía identificarse con un régimen que se vale de la manipulación para subyugar a las masas bajo la oscuridad? ¿Cómo sentirse integrado a lo establecido y llevar una vida cómoda y despreocupada cuando es el transformador global de un sistema carcelario?

Las piezas del rompecabezas terminan de encajar.

Es un infiltrado extraterrestre en servicio activo.

Regresará con honores al hogar cuando culmine su misión.

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(*) Reproducción de un curso impartido en el Campus Virtual de los Registros Akáshicos.  Un espacio abierto y gratuito hijo de este portal, donde los participantes hacen consultas de interés general para que todos podamos aprender con las enseñanzas procedentes de la investigación en los Registros Akáshicos.

Estás invitado a sumarte al grupo haciendo click en este link. Allí podrás formular tus propias preguntas así como tomar conocimiento de los temas que hemos trabajado hasta el día de la fecha. Además de que personas con inquietudes similares sobre las cuestiones esenciales de la existencia tengamos un lugar de reunión, la aspiración de máxima es encontrar las técnicas para sanar el alma de la humanidad. Las preguntas actúan como rastreadores inteligentes que nos permitirán acceder a ellas. Si deseas  profundizar en la génesis y las características del proyecto LAS 108 TÉCNICAS SAGRADAS, consulta el post publicado a continuación. Algunas de las lecturas que podrás hacer en el Campus están referidas a los siguientes temáticas. Tu mismo ampliarás la lista con tus propios aportes.

Te esperamos.

Pablo Vaserman

Campus de los Registros Akáshicos

“¿Existe la condenación eterna para los que hacen el mal?”.    “¿Realmente ayudamos cuando donamos sangre u órganos?”.         “¿Qué es el libre albedrío?”. “¿Qué es el pecado original?”. “¿Por qué se nos fue velada la realidad que somos y de la que venimos?”. “¿Qué es la muerte?”. “¿Qué reglas o leyes cósmicas rigen la sexualidad humana?”. “¿Existen las almas gemelas?”. “¿Volverán a encontrarse dos almas de alta vibración que se aman cuando uno de los miembros de la pareja parte antes de tiempo?”. “¿Cómo ayudar o proteger a los inocentes en zonas de conflictos armados?”. “¿Cómo deberíamos comer?”. “¿Durante la inmortalidad de la conciencia las vidas pasadas son recordadas?”. “¿Es correcto usar la marihuana con fines medicinales?”.

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¿Quién no se ha sentido sólo o sola alguna vez en su vida? ¿Quién no ha pasado por esos amargos momentos en que cada día es un desierto afectivo? Un páramo sin nadie con quien compartir desde las cosas más pequeñas y cotidianas, hasta los grandes sueños que le dan sentido y sabor a la existencia.

¿Por qué acontece ese difícil estadío en el cual no tenemos con quien  comentar una película? Alguien a quien darle  la impresión que nos dejó la belleza de un lugar, o para hablarle de un proyecto, o con quien compartir un encuentro amoroso, o contarle nuestras desazones en momentos en  que sólo buscamos una palabra de aliento para hacer borrón y cuenta nueva y continuar adelante.

¿Por qué, si somos tantos y diversos, existe la soledad? ¿Tiene alguna función? ¿Es deseable? ¿Habría que renegar de ella cuando nos abraza implacable para colocarnos en su regazo? ¿O habría que combatirla buscando distintas clases de placebos que nos permitan disfrazarla con distracciones superficiales, con la esperanza de sentirnos un poco más aliviados?

La soledad produce sufrimiento. De eso no hay duda. Sin embargo, si supiéramos para qué se nos presenta en nuestras vidas, descubriríamos a una gran maestra que viene, amorosamente enmascarada, a enseñarnos lecciones que no podríamos aprender bajo ninguna otra circunstancia. Ser concientes de esto no nos va a mitigar el dolor. Pero nos va a permitir dirigir nuestra energía y nuestra mente, en una dirección más apropiada e inteligente, para asimilar sin pérdidas de tiempo aquello que debemos aprender.

No hay que alarmarse. Así como luego de una tormenta, por más caótica que haya sido, el sol siempre sale de nuevo, del mismo modo la soledad se retira complacida cuando ya estamos maduros para aplicar los aprendizajes que ella se ocupó de inculcarnos, con aspereza, sin duda, pero con profunda sabiduría. Y una vez que lo hayamos logrado, podremos reconvertir el sentimiento de angustia, tristeza o impotencia, en gratitud. Para despedirla con un merecido reconocimiento por todo lo que nos ha ayudado a progresar.

Las funciones de la soledad

Desde la psicología akáshica  observamos que el estado de soledad tiene múltiples funciones. Identificaremos las cinco principales.

1. La madurez

La soledad aparece en nuestras vidas para hacernos madurar.

Cuando a nuestro alrededor siempre tenemos allegados dispuestos a atender o intervenir en nuestros dilemas, problemas, inquietudes, desafíos o decisiones, perdemos la gimnasia de indagar cuál es nuestra verdad. Sistemáticamente nos recostamos en ellos para pedirles opiniones, puntos de vista, asesoramiento, orientación, qué nos digan qué hacer. Entonces dejamos de buscar la respuesta dentro nuestro, precisamente allí donde están todas las respuestas que necesitamos.
Debilitamos el mecanismo. Y nos empequeñecemos.

Para ser, nos hacemos dependientes de los demás.

Avancemos un paso más. El lugar “donde están todas las respuestas” significa aquellas decisiones que necesitamos tomar para resolver y avanzar en el sentido correcto. La respuesta que yo necesito no es igual a la tuya, porque mi camino no es igual al tuyo. ¿Por qué? Porque mi mundo interior es único e irrepetible. Como el tuyo. ¿Sería posible entonces aplicar la misma información a dos realidades diferentes? Lo que yo necesito no es lo mismo que necesitás vos, por más amor que me tengas y más pura sea la intención que te haya inspirado la opinión que me das.

La soledad viene a enseñarnos la dirección hacia la cual debemos buscar las respuestas a nuestra existencia: adentro nuestro. Aún a riesgo de equivocarnos. Si no lo intentamos, ¿cómo vamos a entrenarnos hasta aprender a captar con claridad, adónde están y cuáles son esas respuestas que nos iluminen el camino?

Alcanzamos la madurez, entonces, cuando tomamos conciencia que ser dueños de nuestras vidas es dejar de proyectar en los demás la propiedad del conocimiento acerca de lo que debemos hacer o decir. La acariciamos, cuando nos constituimos en seres independientes que nos hacemos responsables de ser fieles a nuestro propio camino, singular y diferente al de todos los demás. La consolidas, cuando sientes la necesidad de construirlo con el cemento que sólo tu posees, porque eres quién pisará y andará por ese camino.
Nadie puede conocerlo mejor que vos, porque es tuyo, y está en tu interior.

La soledad te enseña a no depender de las opiniones de los demás. Ni para construirlo, ni para caminarlo.

Y no sólo esto. Además, te demuestra que te encuentras en perfectas condiciones para conquistar esa autonomía.
Cuando te des cuenta de ello, una de las cinco razones que justificaban su presencia en tu vida, dejará de tener actualidad.

2. La introspección

Nadie puede conocerse bien si no hace un profundo viaje hacia su interior. Ya sabemos con qué énfasis, desde la antigüedad y más atrás en el tiempo también, se insistía en que la única manera de progresar y expandir la conciencia, es conociéndose a uno mismo.

¿Podrías conocerte a fondo sin practicar una estricta introspección, frente a la cantidad de estímulos mediáticos y sociales que proliferan en nuestra vida moderna?

Imposible.

Entonces la soledad viene en tu ayuda, eliminando uno de los factores que van a conspirar para que logres el objetivo.

3. La transmutación del sufrimiento en servicio

La soledad provoca sufrimiento. No hay duda de ello y todos lo hemos padecido. Pero ese sufrimiento tiene un sentido trascendente, y es el de ofrecerte una oportunidad para que te vuelvas más sensible a él, lo comprendas mejor, y al vivirlo en carne propia, lo puedas identificar en los demás.

Si cuando lo reconozcas en los seres que te rodeen, sin que importe la especie a la que pertenezcan ni el tipo de dolor que padezcan,  haces algo para ayudar a mitigarlo despertando a la conciencia del amor compasivo, entonces se habrá cumplido la tercer función de la maestra Soledad:  mejorarte como persona.

4. El silencio

Vivimos en un mundo bombardeados por sonidos, ruidos, bocinas, sirenas, motores, locuciones mediáticas, publicidades, charlas superficiales, actividades sociales… ¿Cómo harás ese viaje hacia tu interior, si además tenés a alguien al lado que te invita con su presencia o conversación, a que proyectes tu conciencia permanentemente hacia el exterior, pronunciando palabras, consumiendo ideas ajenas, emitiendo o recibiendo pensamientos? Muy difícil que lo logres, porque se trata de un ciclo que se retroalimentará  indefinidamente. Así no podrás alcanzar cuotas importantes de silencio, imprescindibles para conseguir un firme progreso espiritual. Y sin cultivarlo,  ¿crecerías hacia un nuevo nivel más elevado de ser? ¿Acaso no continuarías viviendo desde el personaje que has construido con empeño, en lugar de que tus pasos sean dictados por tu esencia vital?

5.  La identidad.

¿Llegarías a descubrir quién sos, si siempre estás rodeado de alguien que te lo hace saber? En el plano de las relaciones recibirás las proyecciones de lo que creen que sos, pero nunca te entregarán la representación de tu verdadera identidad.

Si nunca tuviste la chance de dejar de permitir que sean los demás quienes te digan quién sos, y definan lo que para vos está permitido hacer, decir, creer, decidir o no, entonces la Soledad llega a tu vida con un mensaje: “ No quiero  verte perder más el tiempo. A partir de ahora, tu eres el creador de tu vida. Pero para crearla, antes vas a tener que descubrir quién sos. Hasta que eso no ocurra, la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia. Mientras estés en obra, no se admitirán visitas. ¡A trabajar!”.

Pablo Vaserman

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