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Posts Tagged ‘Niños Índigo’

A pesar de que la sociedad intenta matarlos de todas las maneras posibles, afortunadamente albergan en su genética una vocación de lucha muy grande. Sólo por ese motivo sobreviven y están entre nosotrosindigo.

Se destacan por dos facetas sobresalientes, aunque poseen muchas más y no de menor brillo e importancia. Una es el instinto de transformar la realidad. Tienen la pulsión de desestructurar lo imperfecto para reorganizarlo y retornarlo a la perfección original. En esta modalidad actúan bajo el arquetipo del guerrero. La otra es la del sanador. Como los índigos son mutantes, modifican los rasgos de las capas del aura a voluntad, en función de las necesidades de servicio con las que se van topando en su camino. Cuando actúan como sanadores, la tonalidad azul-violeta de su aura se vuelve blanca. Durante estas situaciones, la cualidad combativa es sustituida por la emanación de vibraciones propaladoras de paz y armonía benefactoras para todas las personas que están dentro de su radio de influencia. Esta zona puede alcanzar un tamaño de hasta 400 kilómetros a la redonda, aunque dependiendo del nivel de conciencia alcanzado por el índigo y de su misión, la misma radiación podría abarcar a todo el planeta.

Los índigo están preparando a la humanidad para la era de Acuario. Trabajan denodadamente para elevar la conciencia general. Purifican al ser humano renovando las estructuras arcaicas que obstaculizan su evolución.

Tienden a ser solitarios y les cuesta integrarse a los grupos numerosos. Detrás de esta dificultad hay una explicación. Son líderes por naturaleza. Ya sea que les concedan ese lugar en reconocimiento a sus méritos o bien que lo conquisten por la fuerza de las aptitudes que los distinguen, el desenlace es invariablemente el mismo. A menos que logren ocupar ese rol, sufren y se apartan. Son muy carismáticos y tiene el poder de abrir caminos para los demás. Pero cuando no encuentran el espacio para ejercer ese papel porque se los niegan o porque la falta de visión hace que no los reconozcan, sienten que ellos mismos están atrapados en un laberinto-prisión que los asfixia y oprime hasta la desesperación. Entonces se autobloquean y anulan su conexión con el mundo exterior. Bastaría este solo hecho para llamarlo tragedia. gandalfPero es aún más desgarrador que eso, porque la conexión que los índigo establecen con la realidad es “mágica”, en el sentido más profundo y literal de la expresión. Cada vez que un índigo se repliega, la Tierra Media pierde un Gandalf. Y justo cuando Sauron está reclutando a toda su tropa para acometer la embestida final.

Rechazan las convenciones y el saber institucionalizado. No es casual. Todo lo que hacen está inspirado y lleva el sello del conocimiento intuitivo. Son rebeldes. En un mundo gobernado por la razón instrumental, siguen los dictados de su corazón, morada del alma celestial. Sin excepción son guiados por el mundo invisible. Lo cual habla a las claras de que los pasos que dan responden a una lógica radicalmente diferente a la del hombre corriente. Esta cualidad de vivir simultáneamente entre dos mundos o entre dos o más realidades paralelas, también los hace sufrir mucho. No suelen ser comprendidos por sus padres, ni por su familia ni por sus amistades. Menos por la escuela, el ámbito laboral o por la sociedad en general. Hay muchos “índigo” que fantasean con el suicidio. Tan grande es el agobio que les provoca el rechazo sistemático que reciben, tan honda su tristeza por la desvalorización con la que su entorno los trata. Al no poder expresar su aguda sensibilidad con libertad y verse privados de manifestar su creatividad abriendo sus cualidades tan especiales a los demás, recurren a un mecanismo de defensa peligroso que les envenena el alma y los mata en vida: se encierran en su mundo interno. A este cuadro crítico se le suma un agravante. Sus vibraciones tan altas excitan lo peor de lo demás. El brillo tan intenso de su cuerpo angelical crea un campo magnético de amor tan potente que enfurece hasta la exasperación a los cuerpos diabólicos de sus interlocutores. Los ciega de ira. Así es como se termina de crear el escenario propicio para que la existencia de un “índigo” se convierta en un verdadero calvario. La única salida a ese infierno es que el “índigo” recuerde quién es: un buda viviente con grandes responsabilidades de conducción. Deberá luchar para hacer conciente lo que toda la sociedad se esforzará por hacer que olvide. Y luego, tendrá que redoblar el esfuerzo por ganarse un lugar entre quienes harán todo lo que esté a su alcance para aplastarlo y conseguir que se deje de molestar. Este es el concepto que el hombre promedio tiene del “índigo” y esa su reacción más habitual frente a los intentos que el “índigo” ensaya para suministrarle oportunidades que le sirvan para evolucionar. Es la paradójica encrucijada en la que se encuentran todos los “buda vivientes” del tercer milenio, aunque ya no sean niños debido a que tienen aproximadamente entre treinta y cincuenta años.

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Todo “índigo” sin excepción necesita ayuda terapéutica de carácter multidimensional para reforzar sus defensas bioenergéticas porque son extremadamente agredidos; para incorporar anticuerpos sutiles que lo vuelva inmune a fuerzas negativas tan específicas como perniciosas; para neutralizar los ataques parapsíquicos espontáneos voluntarios o involuntarios, causados por las neurosis o las mentes desequilibradas de terceros, que son tan dañinos como los efectos de la magia negra profesional; para recuperar su verdadera identidad; para conocer cuál es su misión y cuáles leyes cósmicas rigen su vida; para que reúna los recursos que le harán falta para cumplirla; para ser asesorado respecto a cómo llevarla a la práctica y evite caer en siempre dolorosas infracciones espirituales; para conocer el gran por qué de las hechos traumáticos que le han ocurrido y le ocurren en su vida; para saber cuáles son las intenciones que Dios le tiene reservadas; para ser apuntalado con mayores conocimientos de sí mismo que lo ayuden a posicionarse correctamente en el campo de batalla que es su realidad cotidiana; para aprender qué clase de higiene energético-espiritual debería incorporar en su rutina de aseo diaria; para que salga de la soledad y acceda a un grupo de pertenencia a través de la socialización con pares afines de su misma condición; para construirle un plan de vida cuyo eje vertebral sea el perfecto alineamiento entre su vocación, la profesión con la que se gane la vida y la misión que debe honrar; para ayudarlo a resolver sus conflictos internos mediante el psicoanálisis akáshico y sus conflictos externos apelando a la “ingeniería de la conciencia” y la “purificación vehicular”; para que reciba asesoramiento y asistencia respecto a cómo transitar alguno o varios de los veinte senderos que conducen al despertar espiritual o en otras palabras, ser guiado para que alcance el estado de conciencia más elevado al que puede aspirar un ser humano sin desencarnar; para que conozca cuáles son los poderes positivos actuales o provenientes de vidas pasadas que están a su disposición, medicina bendita al servicio de su misión que puede transformarse en veneno letal si no los aplica; para realizarse un chequeo de su salud holística y recibir una supervisión periódica del funcionamiento de sus chakras, cuerpos sutiles, nadis, Kundalini, capas del aura, tercer ojo, cuarto ojo y glándula pineal, agentes por excelencia de la marcha feliz o tortuosa de la vida en general.niño rezando

Al día de hoy el 90% de los “índigo” están siendo atormentados y arrasados por una sociedad tan cruel y hostil al cambio, como refractaria a la pureza que los budas vivientes irradian. La mayor ironía es que en ellos está depositada la esperanza de que la humanidad se salve de su propia autodestrucción, y pueda regresar a la senda evolutiva ascendente que extravió hace mucho tiempo. Si en una frenética carrera contra reloj la especie humana logrará reinsertarse en la vía bienaventurada, o sin cambiar el rumbo a tiempo, alcanzaremos ciegamente el punto de no retorno, es una incógnita que hunde sus raíces descompuestas o luminosas en una historia con final abierto en plena ebullición.

Pablo Vaserman

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