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Posts Tagged ‘Para restaurar las células dañadas por enfermedad o accidente’

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” El torrente sanguíneo es un estuche de terciopelo muy delicado. Contiene la expresión única e irrepetible del código genético del ser humano que es su portador. El mismo que de manera holográfica, se reproduce en cada órgano.

La sangre y los órganos son el almacén intocable de los sueños y las pasiones, las virtudes y los defectos, el programa de vida y la misión, las enfermedades potenciales y los medios de curar todos los males, los aprendizajes y los desafíos, la frecuencia electromagnética de las personas con las que necesitamos cruzarnos en la vida y por omisión, de todas las que no tienen que entrar en nuestro escenario vital. Guardan la memoria eterna de la relación que tenemos con el mundo espiritual, alojan los sellos que señalan nuestro karma, llevan grabados a fuego nuestros talentos y vocaciones, los miedos que tenemos que superar, los traumas de otras encarnaciones que todavía nos golpean y las limitaciones que debemos vencer para progresar. Alojan las vidas pasadas y las potenciales futuras, la capacidad o incapacidad para la lucha, el éxito, el amor, la abundancia, la prosperidad, la paz, la realización personal, la fe, la tendencia a la virtud o al vicio, la inclinación a Dios o a su adversario. Toda esta información está plasmada en forma vibracional en tus órganos y en la sangre que corre por tus venas.

No hay soberanía más fundamental que la soberanía del alma. Cuando se la viola, no hay manera de que el equilibrio original no se pervierta en una nueva organización en la cual se cristaliza la transferencia de una porción de la conciencia del donante, al receptor. Estamos describiendo una de las infracciones espirituales o uno de los pecados más serios que existen. Los cambios en la esencia vital de cada ser humano se deben dar en forma armónica y natural. Este proceso debe transcurrir en el marco de un estricto respeto a sus tiempos internos y a las decisiones de su alma, sin contaminarse con influencias exóticas o foráneas que puedan distorsionar la expresión más cristalina de su libre albedrío.

(…) El cuerpo humano es perfecto y se autoregula. Nadie pierde un riñón o un pulmón si no es por razones kármicas. Cada persona que pasa por ese trance debe ponerse como prioridad número uno, averiguar qué tipo de karma generó la enfermedad o el accidente. La razón es simple. Mientras no resuelva el problema de fondo, el damnificado continuará fabricando la misma matriz desarmónica. Y esto será así por más que el órgano físico sea reemplazado. Siempre que hay una réplica de una anomalía no resuelta, el síntoma original muta y con el transcurso del tiempo o en el pase de encarnación, deriva en otro más complejo aún.

Las transfusiones de sangre o las donaciones de órganos son un hecho cultural. Recién más tarde están ligadas a la práctica médica. Son acciones que en primer término pertenecen a un momento evolutivo que ya estamos dejando atrás como humanidad. Forman parte del menú de soluciones parciales, que en vista de la nueva era que ya transitamos, tenemos que empezar a reemplazar por otras más acordes con el nivel de conciencia que nos demanda esta época. Estamos frente a un cambio de paradigmas de enormes proporciones, aunque es cierto que una transformación tan radical requiere un tiempo largo para que termine de consolidarse. Cuando todos veamos con claridad que la energía da forma a la materia y viceversa, y que la materia puede alterar la estructura de una organización energética, aprenderemos algo muy importante. En lugar de introducirnos órganos o sangre de extraños, que impactarán como un misil intercontinental en la plataforma marítima de nuestra esencia vital y causarán estragos en nuestro templo viviente, cambiaremos ese hábito científico-materialista por una educación holística que atienda por igual al cuerpo, la mente y espíritu sin sacrificar a ninguna de nuestras dimensiones (…)”.

Extraído del Campus Virtual de los Registros Akáshicos (*)


¿QUÉ SON LAS 108 TÉCNICAS SAGRADAS? 

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(*) Los Registros Akáshicos revelan que son 108 acciones bioenergéticas las que debemos descubrir, difundir públicamente y realizar, para sacar a la humanidad de la crisis evolutiva en la que está sumida. Ni una más. Ni una menos. Son técnicas sagradas encriptadas en la Biblioteca Divina, aguardando ser recogidas para que las hagamos funcionar. Cuando las pongamos en marcha, actuarán sobre 108 dilemas que nos tienen atrapados en un círculo vicioso de inercia. Constituyen el germen de las crisis en todas las esferas de la vida que en la actualidad padecemos como comunidad global. Tiene una particularidad compleja. Al estar encadenados entre sí, forman un anillo de maldición universal. Este collar mantiene a nuestra especie aprisionada al pasado, encerrada adentro de un campo yermo donde hecha raíz un sufrimiento que se multiplica como los yuyos y se retroalimenta sólo. Los seres invisibles de otras dimensiones a quienes convocarán estas 108 meditaciones akáshicas, sanarán esos desequilibrios y le darán a nuestra especie un impulso de progreso sin precedentes. Si deseas profundizar en el tema, enterarte cómo nació esta cruzada humanitaria liderada por Pablo Vaserman y saber cómo puedes participar en este servicio espiritual del más alto nivel, ingresa al Campus Virtual o visita Las 108 Técnicas Sagradas para acceder al sumario de las que se han decodificado hasta el momento.

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Pablo Vaserman es terapeuta akáshico, docente, investigador, director del Campus Virtual de los Registros Akáshicos y autor de un libro especializado en esta temática de próxima aparición.


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  PROCEDIMIENTO:

  • Vamos a navegar por nuestro flujo sanguíneo a bordo de una nave muy especial.
  • Es una cápsula espacial amarilla. Nos encontramos en la cabina de comando, posicionados en la base operativa donde comenzará nuestro viaje de sanación: el corazón.
  • Usaremos una cámara con visión nocturna de última generación para localizar glóbulos rojos. Estamos en un estado de atención total. Esperamos la señal sin ansiedad ni expectativas. ¡Fantástico! Nuestra paciencia ha recibido su premio. Una esfera compacta aparece frente a nuestro visor. Nos asalta una fuerte intuición de qué es esa curiosa figura. No tenemos ninguna duda. Es un glóbulo rojo. Actuamos rápido, sin distraernos, como un cazador ante su presa. Pronunciamos la palabra VIHOHITEJIWA. Cuando lo hacemos, un arma instalada en el exterior de la nave acciona un láser. Sin titubeos, le disparamos un rayo rojo a esa molécula. ¿Qué sucede cuando acusa el impacto? Curiosamente, se duplica en forma automática. De la molécula original se ha desprendido una hermana gemela. Todavía no recuperados de la sorpresa, volvemos a disparar el rayo luminoso repitiendo la misma palabra. Descubrimos que el haz de luz emitido por nuestro láser también se ha multiplicado por dos. Asombrados, constatamos que hemos dado en el blanco de dos glóbulos rojos simultáneamente. El efecto multiplicador sigue actuando sin que entendamos qué mecanismo logra semejante prodigio. Ahora tenemos en la mira a cuatro glóbulos rojos. Por experiencia propia, ya estamos en condiciones de anticipar que luego de nuestro próximo disparo, ocho glóbulos rojos aparecerán frente a nuestro visor, y serán ocho las rayos que dispararemos con nuestra magnífica herramienta curativa. No nos hemos equivocado. Lo hicimos como siempre. Pulsamos el botón rojo que acciona el mecanismo mientras decimos la palabra VIHOHITEJIWA, y verificamos que la matemática no falla. Descontamos que en el próximo disparo serán dieciséis. Pero algo nos inquieta. ¿Este crecimiento es infinito? ¿Cuándo se detendrá esta progresión? ¿Hasta cuando nos vamos a dedicar a clonar células sanas en nuestro corazón? Nos sentimos más tranquilos. La intuición nos dice que será en el momento en que sintamos que el trabajo que hemos realizado en esta estación de nuestro viaje ya es suficiente. Entonces conduciremos nuestra nave hasta la próxima parada: los pulmones. Una vez terminada la misma tarea, nuestro recorrido continuará por el bazo, el hígado, el páncreas, el cerebro, la columna vertebral, las manos, las plantas de los pies, los órganos genitales, los riñones y el diafragma.

OBSERVACIONES:

  • Esta técnica sirve para restaurar el tejido celular. El mismo puede ser sólido, o líquido como la sangre.
  • El practicante evitará dedicarse con exclusividad a la zona afectada. Para que sea eficiente, el recorrido debe hacerse completo y en el orden indicado.
  • Duración del tratamiento: 30 días consecutivos.
  • 1 sesión diaria para actuar de manera preventiva o en casos de anomalías leves.
  • 3 sesiones por día en casos de emergencias.
  • La aplicación de esta técnica es complementaria al tratamiento tradicional que la persona esté realizando. No debe reemplazar la visita al médico ni el paciente dejará de cumplir con sus prescripciones.

Cantidad de practicantes necesarios para alcanzar el máximo potencial:  144.000


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