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¿Qué es una meditación akáshica?

Ya sabemos que por medio de la meditación tradicional procuramos vaciar la mente para alcanzar un estado más profundo de conciencia. Hacer un viaje hacia nuestro mundo interno. Centrarnos, armonizarnos, fortalecer la salud, cultivar una mejor calidad de vida y convertirnos en mejores personas.

La meditación akáshica va un paso más allá. ¿Pero cómo es esto? Frente a semejantes objetivos tan sublimes, ¿puede tener aún un alcance mayor? ¡Puede! Es que se trata de una meditación mágica. Transforma la realidad. La propia y la global. Y lo hace con un propósito preestablecido.

¿Cómo logra semejante hazaña?
Para entenderlo primero aprendamos cómo está constituida.

Veamos.

  • La  meditación akáshica trabaja con un mudra, una visualización o arquetipo cósmico,  y un mantra. Los tres tienen una particularidad muy especial: son especialmente decodificados de los Registros Akáshicos.

El mudra es una posición específica de las manos. Contactos entre diferentes zonas de los dedos, las palmas o los dorsos que provocan efectos directos sobre la organización energética del cuerpo. Cuando realizas un mudra, te transformas en una antena cósmica, modulada en una frecuencia específica, que
capta y emite energías singulares para la realización de una tarea en particular.
El territorio sobre el cual trabaja es el cuerpo.

Ahora bien.

¿Qué es un arquetipo cósmico?

Es un diseño proyectado desde los Registros Akáshicos.

En el Universo no se habla en castellano, o por medio de ningún
lenguaje humano. El idioma auténticamente universal, se da a través de la comunicación mediante arquetipos cósmicos. ¿Qué es? Una imagen codificada que condensa muchísima información.
Actúa sobre el plano mental.

Cuando sabemos cómo activarlo y colocamos nuestra
conciencia sobre él, entramos en comunicación con el Cosmos. Y podemos formularle solicitudes. O intervenir directamente sobre
él.

¿Qué significa que el arquetipo akáshico una el hombre al Cosmos?

Cuando para elevar un pedido al Universo apelamos a símbolos que nacen de nuestro inconsciente o que han sido creados por la cultura, tardará mucho tiempo  -si es que alguna vez lo hace-, en comprender qué es lo que necesitamos y qué le estamos solicitando.

Para que lo haga, debemos hablarle utilizando arquetipos cósmicos, porque son el lenguaje que el Universo comprende. Conclusión: en lugar de proyectarle imágenes mentales que nacen en nuestro inconciente, debemos adaptar nuestro espíritu a los arquetipos cósmicos decodificados de los Registros Akáshicos. Esta es la estrategia adecuada si aspiramos a que el Universo nos entienda y se ponga a trabajar a nuestro favor y para el mayor bien de todos.

En rigor, los arquetipos akáshicos son auténticas fotografías de otros mundos.

¿Y qué son los mantras?

Los mantras son palabras sagradas. Provocan vibraciones muy
finas que convocan seres angelicales, de la naturaleza, de los mundos mágicos o de los planos Divinos. Su función es realizar operaciones sobre nuestros cuerpos sutiles. Y trabajan sobre el espíritu de quien los pronuncia.

Cuando estos tres elementos se sincronizan, el hombre habla el lenguaje del Universo. Entra en comunicación con él. Se transforma. Y los beneficios que recibe cuando practica la meditación akáshica, son captados por el Universo bajo la forma de vibraciones, que a la vez experimenta sus propias modificaciones internas.

De esta manera, la meditación akáshica, al estar programada para un objetivo específico, abre un canal bidireccional, de doble vía, en donde el ser humano y el Universo entran en un circuito empático de transmutación profunda que se retroalimenta sólo. La consecuencia es siempre la misma: progreso, sanación y evolución, en los aspectos y en el grado en que cada uno,
estaba necesitando.

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión.

La meditación akáshica tiene como propósito provocar una transformación energética tanto en la persona que la realiza, como en el Cosmos. ¿Por qué una transmutación personal puede modificar las cadenas causales del Universo? Porque como sentencia el antiguo axioma hermético de la Tabla Esmeralda: como es arriba, es abajo. Y viceversa.

Cuando logramos provocar modificaciones internas, es decir, transformaciones bioenergéticas profundas en nosotros mismos, también las generamos en el Cosmos.

En el Universo, no hay nada que no esté interrelacionado.

Todo está conectado.
Por esa razón, cambiando el microcosmos transformamos
el macrocosmos.

El fenómeno inverso también se verifica.

 

Pablo Vaserman

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